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La hora de los valientes

Vivimos tiempos para los valientes, donde los cobardes empiezan ya a arrastrarse como ofidios por el lodazal del silencio infame. Allá cada uno con su conciencia… “No os avergoncéis de Jesucristo, no sea que luego Jesucristo se avergüence de vosotros”, advertía ya San Juan Pablo II.
A los obispos de Alcalá de Henares y de Getafe, Juan Antonio Reig Pla y Joaquín María López de Andújar, respectivamente, se acaba de sumar ahora otro buen pastor de la Iglesia Militante: el obispo de la Diócesis de Cartagena, que incluye a Murcia entera, José Manuel Lorca Planes.
¿El motivo? Defender la Doctrina de Jesucristo, que es la de la Iglesia Católica, haciendo ejercicio de su derecho a la libertad de expresión para declarar con respeto pero con rotundidad su total discrepancia con la llamada “Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación” (conocida como Ley de Transexualidad); según la cual, entre otros disparates, los menores de edad tienen derecho a elegir su condición sexual con independencia del criterio de sus padres, contra quienes no es descartable que pudiesen adoptarse incluso medidas legales en caso de oponer resistencia.
La Ley de Transexualidad fue aprobada en marzo pasado por la Comunidad de Madrid con la abstención del Partido Popular y los votos favorables de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Su versión “murciana” es todavía más reciente; solo que en este caso, el Partido Popular se ha pronunciado a favor, sin tapujos.
Todavía hay quienes se extrañan de que algunos pastores de la Iglesia -tan sólo un puñado de valientes, insisto- salgan en defensa de la Doctrina de Jesucristo. Pero, ¿acaso se sorprenderían de que un imán no hiciese lo mismo ante la menor insinuación contra los mandatos de su religión? Hay una clara diferencia: con los musulmanes no se atreverían a aprobar no ya una ley, sino una sola cláusula. Así de timoratos son.
Remito a los lectores a las cartas de los obispos mencionados. Pueden encontrarlas en las webs de las diócesis correspondientes. No se apartan ni un ápice del Magisterio de la Iglesia y, sin embargo, producen estupor. Tal vez sea por eso mismo.
“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, pronunció Jesús su octava bienaventuranza desde lo alto de la montaña, hace ya más de dos mil años. Pues eso. El “martirio de la coherencia” no ha hecho más que empezar y sólo los elegidos obtendrán su recompensa.

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