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Zeffirelli y el Padre Pío

Sucedió en 1941, cuando el célebre director de cine Franco Zeffirelli, entre cuyos filmes sobresalen los de Jesús de Nazaret, Romeo y Julieta y Hermano Sol, Hermana Luna, contaba tan sólo dieciocho años. Zeffirelli había hecho buenas migas con unas chicas milanesas, que escaparon de su casa dejando una simple nota a su familia. Soñaban con conocer al Padre Pío para confesarse con él y asistir a su Santa Misa.
Dejemos al propio Zeffirelli que nos introduzca en su increíble experiencia:
«Estábamos arrodillados para recibir la Comunión, apoyados en una barandilla, cuando llegó el Padre Pío. Su aspecto era, incluso para mí, familiarizado ya entonces con el mundo del espectáculo, el de una criatura excepcional. Se movía muy rápidamente, de forma brusca, práctica, directa. Yo le seguía con mucha atención mientras él repartía la Comunión…».
Y de repente, cuando llegó a la la altura de la joven que permanecía arrodillada junto a Zeffirelli, el Padre Pío le negó la Comunión. Pasó delante de ella, como si tal cosa, y se la dio en cambio al futuro director de cine.
Al día siguiente, antes de la Misa, la chica acompañada de sus amigas, privadas también de la Comunión, tuvo el valor de preguntarle al capuchino por qué no se la había administrado. A lo que éste repuso, rotundo: «Antes que nada, obediencia a los padres».
La joven rompió a llorar, igual que sus amigas. Corrieron enseguida hacia el teléfono para llamar a sus madres y pedirles perdón por haberse ausentado de casa sin permiso. Sólo entonces el Padre Pío les impartió la Comunión.
Así se las gastaba el Padre Pío…

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